"Sea monkeys": ahora deleitan a los peces
Matías Longoni
Guillermo
González tenía pocos años cuando se pusieron de moda
los Simonkis ("sea monkeys" o monos de mar), aquellos
minúsculos bichitos que se vendían en los 70 y
prometían todo tipo de diversión a quienes cuidaran de
ellos, desde bailar hasta andar en bicicleta. Hoy
González se ríe de aquella ingenuidad, pero lleva
adelante Cri-Art, la primera empresa que produce
Simonkis en el país. Su negocio no será engatusar
niños. La firma produce huevos de artemia persimilis
(nombre científico de la especie), que tienen una
creciente demanda como alimento para peces en todo el
mundo.
"Los camarones y
otros peces se vuelven locos cuando los alimentan con
artemia viva", relató el emprendedor a Clarín. Lejos
de hacer malabares, estos animalitos microscópicos son
devorados por los camarones más jóvenes. Cargados de
proteínas, los hacen engordar rápidamente. Y además se
los utiliza como vehículos para introducir vacunas en
los grandes piletones. Por eso sus huevos cotizan. En
EE.UU. un kilo (contiene 220 mil huevos) puede valer
80 dólares.
Los únicos
productores argentinos de Simonkis vienen masticando
el proyecto desde 2002. Como estos crustáceos se crían
naturalmente en las salinas, primero obtuvieron
permiso para extraer huevos de la Salina del Inglés,
en Carmen de Patagones. Luego levantaron una planta en
Mar del Plata, la única de su tipo habilitada por el
SENASA. Allí procesan los minúsculos huevos hasta
dejarlos en estado vegetativo. Pueden permanecer así
hasta tres años. Cuando un criador de especies
acuáticas los compra, debe incubarlos durante 24
horas: los Simonkis eclosionan por centenares de
miles.
Ahora Cri-Art comenzó a vender su particular producto
en el exterior, porque en Argentina quienes crían
peces se cuentan con una mano. Ya lograron que SENASA
los habilite para Ecuador y ahora esperan otro tanto
para Brasil, Chile, España y Panamá, que producen
camarones y otras especies a gran escala. Si todo sale
bien, podrían vender hasta 18.000 kilos anuales de
este alimento para peces. Porque para eso, y no para
las acrobacias, servían los Simonkis.







